viernes, 26 de abril de 2013

Ortega Cano y la (in)justicia

Ayer, en el momento que conocí la sentencia del juicio del torero José Ortega Cano, sentí indignación al saber que la condena no excedía mucho de la conocida la semana pasada para Isabel Pantoja por el Caso Malaya. No soy, ni lo más mínimo, defensor de la prepotente tonadillera; pero esta sentencia y el hecho de que el juzgado sea un personaje público no hace más que mostrarse como un claro ejemplo de lo injusta que es la justicia en España.

El mencionado torero mató en un “accidente” de tráfico a un ciudadano que conducía otro vehículo con el que colisionó circulando a más de 120 kilómetros por hora en una carretera con el límite de velocidad establecido a 90km/h. El señor Ortega Cano, como se pudo comprobar mediante la extracción de sangre realizada por el equipo médico que atendió en siniestro, triplicaba lo permitido para poder conducir. El problema está en que esa muestra de sangre no fue custodiada por la policía, sino que fue de uso médico exclusivamente. Lo cual, a la jueza encargada del caso no le sirve como prueba fiable ya que pudo ser contaminada o cambiada por otra y no es demostrable que si se conservara fuese la del torero. Han sido unos cuantos los testigos citados en el juicio que han confirmado ver el vehículo de Ortega Cano minutos antes del accidente circulando de manera preocupante y peligrosa. Incluso algunos de ellos llamaron al 112 en el momento de verlo. Y además, otro grupo de testigos afirma haber visto directamente al torero bebiendo alcohol en paradas realizadas durante el trayecto.

Bien, pues tras todo esto, la condena impuesta a Ortega Cano por conducción temeraria y homicidio imprudente (nada relacionado con conducir con un pedo de La Mayor) consta de dos años, seis meses y un día de prisión y una indemnización a la familia del fallecido. De los cuales solo tendría que cumplir un año y medio entre rejas antes de poder disfrutar de la libertad condicional. Pero para más inri la sentencia, al no ser firme todavía, va a ser recurrida por los abogados del torero y es posible que se le rebaje la pena.

Una más de vergüenza me circula otra vez por las venas. Vergüenza de que todo esté organizado de una manera tan chapucera; que un conductor borracho mate a alguien y la propia justicia impida que se haga justicia. Así nos va, y así nos irá. Con una princesa forrada a costa de estafar y robar, y en su casita de lujo; con un Ortega Cano que hoy mismo ha asegurado a la periodista Beatriz Cortazar que lo que le preocupa ahora es que la gente le vea como un borracho más que el hecho de ir a prisión. (Cuando su propio hermano reconoció dos semanas antes del accidente en televisión que el señor torero sufría de alcoholismo) Señor José Ortega Cano, a la gente que usted sea un borracho se la trae al pairo. Como si quiere usted fumar porros en la plaza de su pueblo, si le dejan. Lo que a la gente le preocupa es que tenga que darle de comer durante un año y medio y luego salga usted de rositas habiendo dejado a una persona sin vida. Lo que a la gente le indigna es que la justicia en este país no nos dé más que disgustos. Ahora que avergonzado te encierras en tu casa, entenderás mejor el dolor de esa familia que se quedó sin padre, a la que además, según he escuchado en televisión su hijo a insultado en ciertas ocasiones durante estos dos años desde el accidente. Baje la cabeza señor Ortega Cano y esperemos todos que recurra, sí. Solo para dar otra oportunidad a la justicia española de intentar limpiar un poco su imagen porque está la cosa como para ponerse a vomitar, una vez más. La pota de hoy va por usted, maestro.

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