Teniendo en cuenta la situación político-económica actual, creo que está ya más que claro que dentro de décadas, si los astros se alinean y para entonces todavía existe un sistema educativo accesible, en todas las escuelas enseñarán en las clases de historia esta etapa que estamos viviendo como una absoluta estafa internacional. Una estafa en la que cuatro listillos avariciosos quisieron quedarse con todo el mundo. Y no me refiero solamente al concepto de quedarse con alguien como sinónimo de vacilarle, sino más bien en un sentido estrictamente literal. Esos cuatro millonarios y sus aliados los políticos se están quedando con las casas de la gente, con la sanidad, la educación, con sus derechos que tanto costaron conseguir, con sus posibilidades como trabajadores, con su autoestima, su felicidad y, en definitiva, con sus vidas. Políticos que en lugar de hacer política de verdad, (defender al pueblo ante estas injusticias y repesentarle en todo momento) son cómplices y panolis de esos millonarios apoderados del mundo. Empiezo a negarme de hecho seguir llamando políticos a esos señores de corbata y a esas señoras de bolsos de lujo que dicen hacer política insultando a su "oponente" -cómplice también en mi opinión- y riéndose de toda la población. Riéndose de todos como se reirian mientras se nos enseñaba falsamente que vivíamos en una democracia. ¡Y una mierda! He de decir de paso que incluso empiezo a excluirles del concepto que tengo de pueblo. No son el pueblo. Son una clase aparte que se ve beneficiada en todo momento por las inmunidades claras de un mundo preparado para su único bienestar. ¡Qué asco! Verles en los telediarios y en los periódicos supone una constante arcada que nos lleva poco a poco a lo que en un momento futuro será el vómito colectivo. Un vómito que irá dirigido directamente a la cara de todos esos que nos están vacilando, todos esos que se benefician continuamente de la desgracia general. Pero no tengamos ilusiones utópicas: la constitución española está preparada para que el cambio sea casi imposible. Sólo dos partidos pueden llegar al poder del modo que está preparada la constitución de este país creado a prisa y corriendo por personas que, ahora se nota mejor que nunca, no tenían ni pajolera idea de democracia verdadera. Yo les invito a todos ellos a que se lleven el dinero a una isla y hagan allí lo que quieran dejándonos al pueblo empezar de cero. Pero que nos dejen en paz antes de que tengamos que meternos los dedos para provocar rápidamente ese mencionado vómito, cansados de que esperar que llegue por si sólo.
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