A medida que crecemos vamos haciéndonos una idea mucho menos personal de lo que es el amor. Con los primeros golpes empezamos ya a confundirlo todo. Con los últimos, directamente rechazamos la idea de que el amor sea algo ideal o bonito. Algo como lo que años atrás imaginábamos repleto de besos, caricias, sueños por cumplir.

Pero, ¿por qué nunca salimos de la idea esta de que el amor es cosa de dos? Es cosa de dos cuando algo extraordinario ocurre. Pero el amor es inevitable nacerle a una persona en un momento dado.. y que la otra lo comparta creo yo que es una casualidad increible. Una coincidencia venida por algún motivo concreto que habrá que celebrar hasta el fin de los días.
¿Cuándo sabes si es amor? ¿Cuándo te das cuenta de que todos los momentos de tu día los pasas pensando en él? ¿Cuándo entras en dependencia? Eso creemos muchas veces, pues no nos damos cuenta de estar enamorados hasta llegar a estos puntos es realmente una desgracia. Pero no; el amor ya estaba antes cuando sabías que delante de él siempre eras tú mismo, que follarías hasta perder el aliento con él, cuando os reíais juntos hasta sin saber de qué, cuando te entraban nervios en la tripa y te ponías guapo para salir, el amor ya estaba en tí aquel día que te quedaste sin colonia. La confianza, la naturalidad, y el poder ser uno mismo junto a alguien de una manera tan cómplice, todo eso es el amor. Al ver que todo esto se cumple ante alguien te das cuenta de que ya ha aparecido en ti ese sentimiento tan extraño y tan agradable a la vez. Y el atrevimiento, la pérdida de miedos para dar un paso adelante e intentar mantener esto con la otra persona, explorando a partir de ahí nuevos mundos juntos, compartiendo, es la siguiente meta que uno se suele proponer. La meta más dificil y más dura. El momento clave en el que el destino es el único interventor. Es justo este el momento en que nos creemos que el amor tiene que ser cosa de dos, y dejamos de disfrutarlo. Es ahora cuando nos hacemos nuestra propia idea de futuro, cuando nos creemos Dioses que podemos dibujar nuestro destino a nuestro antojo. Hay quien lo llama ilusiones. Yo lo llamaría utopías innecesarias.
Personalmente, prefiero quedarme con lo bonito de todo ese sentimiento primario sin verme con ningún superpoder para mandar sobre nadie. Corazones solos han de funcionar. Sin nadie que les obligue.