lunes, 25 de mayo de 2009


Lluvia. La escucho y la siento. La noto en mi pelo primero y después en mi cara. Siento como se introduce en los tejidos de mi ropa. Como se apodera de mi. Como se queda visible en las calles. Puedo escuchar cada gota que choca en el colgador de mi ventana. Me sentaría desnudo en la calle para sentir como el agua me invade. Me bañaría en lluvia. Cerraría mi paraguas. Salpicaría los charcos del suelo. Yo mismo sería lluvia para poder caer desde el cielo y quedarme inmovil en un cristal hasta que el peso pudiese conmigo y me hiciese deslizarme lentamente dejando tras de mi un hilo de pura limpieza. La puedo oler. Es el mismo olor que en verano conquista mi pueblo. El olor del suelo mojado, de la tierra húmeda. El olor que nos hace darnos cuenta de que hace días que no llueve, que ya nada está seco.

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