
Hay días en los que al despertar todo parece diferente. La mirada no llega más allá de mis pies. No ve a través de las cortinas movidas por el viento. Se queda todo ahí, en la cercanía de las cosas. Miro durante tiempo y tiempo mis piernas sentado en el borde de la cama. Observo como mis pies tocan el suelo. Fuera hace Sol. Pero no se a dónde ir. Estoy bien en realidad aquí: acariciándo mi piel solitaria, observando mi entristecida mirada en el espejo, tocando mi pelo. Fuera está la ciudad que va en su nube de humo y de alquitrán, como dijo Luz Casal.
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